sábado, 21 de septiembre de 2013

Silencio sepulcral

Sueño, cansancio. Secuelas de la noche anterior. Efectos del no querer dormir. "La noche es hermosa" me repito una y otra vez en mi cabeza. Es hermosa. Hay algo muy místico en la noche. Es algo mágico y extraño que no me trae ningún otro momento en el día. Un ataque de inspiración y un vómito de pensamientos empiezan a aflorar en mi cabeza. Único momento del día en el que soy la dueña de todo. Los demás están físicamente pero no en espíritu, la que importa soy yo. La única que tiene el poder de hacer de esa oscuridad mi paraíso. Oscuridad y silencio. Único momento en el que en mi casa hay silencio. Mis horas favoritas. Los gritos de los demás ya no aturdían más a mis oídos. Ahora solo me puedo escuchar a mi, pienso. Solo escucho la voz interior. Solo yo podía opinar. Solo yo podía juzgar. Solo yo podía callar. Instantes perfectos, dueños de mi, dueños de ellos. 
La tranquilidad de la casa activaba mis ideas y las ponía en movimiento. Solo los objetos estáticos me podían distraer. Esos que de noche cobraban vida, tenían otro color. Todos estaban dispuestos para mi. El silencio los convertía. Tal vez era que me hablaban. Si, me hablaban con imágenes. El silencio de las voces me permitían escucharlos. Por fin habían callado las bocas que me contaminaban. Me agredían. Me degradaban. Unos minutos para disfrutar el pensamiento más profundo para descubrir quien quiero ser yo. "Debo encontrar la forma" pensaba y  cada tanto aparecía alguna respuesta en la monotonía de la noche.
Estas eran las cosas que hacían que amara quedarme en la soledad acompañada que las sombras me daban. Sola pero rodeada de almas en descanso que no podrían interrumpir.

Al día siguiente la perfección de la noche anterior se arrastraba sobre mi. Pesaban mis párpados e insistían en cerrarse. No había tenido suficiente tiempo para reponerme físicamente pero no podía permitirme desperdiciar el silencio sepulcral de la noche. El escaso sueño había secado mis ojos pero no mis pensamientos. Veía las cosas de otro modo, en cámara lenta y aparecían por todos lados. Me gustaba vivir así aunque ya me cansaba eso de ya no dormir. Me quemaba las neuronas y me empezaba a destruir


















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