Y en esa misma escena me vi encerrada. Yo abrazando al árbol, liberando mis tensiones, adorándolo. De los loquitos solo quedaban dos. Sentía que me miraba y pronto se fueron. En la plaza quedábamos muy pocos. En realidad yo recién habia legado...
Pero pronto me dijo que algo era hora de irse. Me miraban demasiado. Esos dos. En el banco. Me miraban y cuando me daba cuenta disimulaban y corrían los ojos, aunque yo me daba cuenta. Había una sensación extraña... Algo les interesaba de mi y a mi me inquietaba algo en ellos. En ese momento decidí que era hora de volver, tenia que pasar por donde estaban.Me alejé del arbol lentamente, acariciándolo y pronto me acerqué a ellos. No podía tan solo pasar, entonces me senté en uno de los bancos de ahí cerca. Dude en si tenía que pasar justo por enfrente. Quise obedecer mis impulsos pero en eso intervino la razón, los malos pensamientos que adquirí. Me puse a pensar que talvez me veían muy vulnerable. Era tan solo una nena de colegio que no elegía llevar dieciséis años. Mi edad era incierta y seguro vieron en ello un punto frágil.
Ese día algo raro estaba sintiendo. No sabía si era feliz. Por eso quise robarle un poco de felicidad a ese lugar, que siempre me presta, pero ese día estaba más vacío que yo. Sin embargo conservaba su espíritu y eso me hacpia sentir acompañada. Siempre nos sincronizábamos y eso me encantaba.
En eso me culpé por no seguir el instinto pero decidí tomar otro camino. Pasé por el medio del pasto, que no era más que un montón de tierra y pensé en volver a casa pero no quería. Había encontrado en esa plaza un lugar más propio que mi propia casa. Y de repente me surgió la primera oración. No quería desperdiciarla, por eso me senté en el banco más cercano a escribirla y después vino toodo lo demás.
Le encontré sentido a las señales pensé que por algo lo había hecho. Por algo había parado. Talve para que escriba esto y en este momento lo estés leyendo.
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