domingo, 24 de agosto de 2014

Taquicardia. Demasiada. No tengo ni medio grado de sueño. Ni un poquito de ganas de dormir. Ni de ponerme un pijama, ni de ordenar la cama. Hoy quiero estar en un desorden. Dormir con la ropa que tengo puesta y dejar cosas para después. Porque es así. Este corazón no me deja en paz porque no quiero paz. Pero no puedo más así. Late, late, late, nola. Mealtera.

  • Un hilo entre tus labios pegajosos se estira formando estalactitas de baba.
  • Bilis
  • Pasos desincronizados. Independencia del movimiento.
  • Monitorean las muestras de sangre.
  • La sangre es hermana de la savia.

domingo, 23 de febrero de 2014

Tanto tiempo pasé olvidada, tanto tiempo me abandoné, junto a algunos sueños enterrados que por miedo postergué.

Mis monstruos y fantasmas los refleja aquel pincel, que desahogó mis penurias y acabó vaciándome.

Un recuerdo un tanto erróneo me suele confundir. No fue él, sino yo quien quiso dejar de existir.

Perdonarme no fue fácil hasta que volví a escribir. Tanto tiempo acumulando, sin querer dejar salir.

Encontrarme bajo una pila de cosas por hacer, aplastada por limitaciones que yo misma coloqué.

Encerrada por miedo a descubrirlas otra vez, las pasiones fervientes que me impulsan a correr.

La escasez de motivación influyó. Me convenció que sin un propósito de nada sirve mi emoción.

Tanto tiempo le creí sin cuestionar, juraba saber otras cosas pero no las podía aplicar.

Mi cuerpo desganado le pedía ayuda a gritos a mi conciencia, solo no podía alimentar esta mente tan sedienta.

Un baño a la memoria para poder refrescar los conocimientos adquiridos años atrás.

De pronto vuelvo a pensar en aquello que forzosamente olvidé y revivo experiencias que desentierran mis pies.

Entonces comprendo lo absurdo que fue dejar atrás la más pura y sincera fuente de poder.

Tanto tiempo sin querer ver que no estaba vacía, que simplemente estaba confundida.

Pongo mi esfuerzo para transformar todo lo que en mi pasado me hizo estancar.


Libero mi antigua alma en un soplido y sorpresivamente sonrío. 
De negativo a positivo, de miedoso a creativo, el problema se convierte en desafío.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Un día, de camino a casa me interesó mirar a la gente que pasaba a los ojos. Descubrí que de algún modo nunca continuamos esa particular tensión entre dos personas. Casi siempre cortamos la conexión. Solo algunos devuelven esa sonrisa cómplice que no se sabe bien que significa pero asegura que nos entendemos.
¿Qué es lo que nos impide seguir con ese contacto? Será que los ojos dicen demasiado y tenemos miedo a que nos interpreten o nos descubran. Siempre con miedos. El miedo nos inhibe. Perdón, el miedo y la denominada "razón", que no tiene nada de razón y muchas veces se equivoca. Pero por algo lo hace, por lo menos yo elijo pensar así.
¿Y qué pasa que no podemos mirar a nadie? Podemos ver a alguien pero mirarlo solamente lo hacemos cuando estamos conscientes de que lo estamos haciendo ¿o al revés? ¿Ver es con intención y mirar es accidental? ¿Ver es querer ver? No importa, el hecho es que pocas veces observamos al otro y lo dejamos poder ser una parte de nosotros. No nos gusta ver ni dejarnos ver a los ojos.Tan solo nos miramos pero no queremos vernos. En realidad, ese día yo si los quería ver pero a mí muy pocos me querían mirar.
La mayoría de las veces detecté la misma mirada en la gente. ¿Quéquería decir? Era incomodidad, no sé por qué. Ah si, por miedo. Miedo por lo que dije antes. ¿Tendrían miedo a que los descubra? Miedo a que decifre eso que querían transmitir o transmitían sin querer. Era demasiada información para una simple desconocida que sabía tanto de ellos como ellos de mi, nada.

P.I.

Es increíble como se puede encontrar en una plaza un lugar de pertenencia, refugio, magia y una fuente de saber. Me abre la cabeza, me aguanta, vive conmigo y nos emparejamos. Aprende sobre mi y yo aprendo sobre ella. Me apasiona, me hace reflexionar y me indica mil y una señales. Cada paso, cada instante ahí tiene algo para brindarme.

Lo que tiene es que, por más de que sea siempre la misma, cada día es distinta. Es diferente como me siento yo y la gente que la llena. Es diferente como se ven los colores y las nubes del cielo. Aunque siempre están los loquitos de la plaza. Esos que siempre que voy quiero conocer. Los que un día se me acerco uno y tuve miedo de ir. A veces son más, otras veces menos. A veces esta la cuerda, a veces se suman las telas. Pero en esencia siempre están haciendo presencia. De alguna u otra forma coinciden con mis sentimientos y estado de ánimo. Emblemáticos y libres.

Es un lugar que me vio crecer y vi crecer a lo largo del tiempo. De la misma manera que yo cambie ella cambió. Años después, sentada de otra perspectiva y con otro propósito, vi mi vida pasar. El motivo era diferente al infantil, tal vez era hora de crecer un poco pero en ese momento me vi en el subibaja con mi abuelo y no podía creer que era lo que pasaba en ese instante. ¿Como había pasado de ser una niña a una adolescente? En el fondo era nada más que una nena en un subibaja de emociones, insegura de que si sube muy alto, luego caer. Eso era lo que era. Y eso mismo invadió mi mente. No estaba lista. Se me llenaron los ojos de lágrimas y no pude dar ninguna respuesta. No entendí como había ni cual era la propuesta y que implicaría. No era mi momento.

No comprendí como había cambiado tanto ese lugar y no conseguía recordar como era antes. Al igual que yo. Fuimos creciendo, remodelandonos, llenandonos y vaciandonos. Siempre juntas. Al igual que las personas entraban y salían, lo hacían mis sentimientos. Al igual que las palomas que se quedaban y después huían, lo hacían mis pensamientos. Al igual que los días grises y los días celestes, me encontraba yo. Y en todos los recuerdos que atesoraba, en todos los rincones estaban mis pasos.